

“Renunciación”
¿Cuántas veces no hemos renunciado a algo que amamos o pretendemos o planeamos amar.?
Yo renuncié a lo que no quise ser . Pretendiendo ser otra persona y no lo que asume su vida en franca agonía desprendida en instantes -qué es mi momento favorito- una raquítica esencia de un cuerpo consumido por los deseos a medias, por los recuerdos flotando en gases aroma a brisa de costa. Quisiera convertirme en el genio de la lámpara y concederme tres deseos: los dos primeros materiales, el tercero pedir tres deseos más… una lista interminable de terminologías apócrifas como éstas líneas.
Estoy por cumplir treinta años,
Visto desde mi cuerpo, no la he pasado nada mal, dirían algunos que tengo lo que merezco; qué sé yo, he pasado cuentos de hadas y dos de terror. Miles de cruces en mi andar he dejado por el sinuoso camino por el simple hecho de ser quien soy: idólatra de los instantes, matemática del género masculino, miedosa extremista al mirar las fotografías de mi pasado o bien, escucha de notas musicales que viajan en una máquina hecho por no sé quién en no sé dónde. ( y ése, es mi lugar favorito)
Ayer me mudé al primer piso y a lo que será una regeneración de células muertas. En los ya acostumbrados cambios de lugar a los que nos hemos sometido tanto Valeria como yo, me hago conciente de que estoy cansada de eso; tan solo quiero tomar una taza de café recién hecho, leer el periódico sin prisas a las 6:00 AM, ducharme con agua calientísima para que se borren las miserias de la noche anterior.
A veces tan sólo quisiera dormir abrazada a una luz cegadora.
Escuchar a mis antepasados en las noches insomnes no me ha ayudado mucho, tan solo escucho reclamos de lo que “pudimos hacer juntos”, algunas ocasiones, cuando estoy en la mesa, llegan a sentarse a mi lado a molestarme, burlarse y presionarme, termino por invitarlos una capuchino helado, ellos están muertos, no necesitan más azúcar ni calor….
Parte aguas en el cambio de costa y de estratósfera
A propósitos de caminos recorridos, tengo un saldo pendiente con el vecino del norte, a ése que se le acabaron las excusas para seguir existiendo en mi camino. Pienso, que tan solo es propagada barata pegada en los postes de luz que terminan derritiéndose con el sol que madruga pero que siempre, siempre, gano en la carrera de saltar primero de la cama.
Ya no quiero estar en el primer piso, tampoco en el segundo, quiero vivir en un rascacielos de ensueño, ése que en los viernes me atrapa para conseguir saltar del balcón y poder volar con los brazos extendidos, los sábados en un muro de montañas frías con una chaqueta North Face que me hace recordarte un chocolate caliente en una taza blaca, domingos de pijama con garabatos azules, fruta y mis líneas contigo.
Hoy, ésta tarde-mañana-noche tengo que seguir acomodando cosas y recuerdos en el nuevo piso. He notado que siempre que muevo y renuevo cajas de cartón, termino con éste sentimiento extraño que un día me orillará a no hacer más cajas, tan solo tomar nuestras gafas oscuras, las llaves del auto, escucharemos Sober de Tool y cantaremos fuerte. De reojo la miraré y ella me devolverá la sonrisita de complicidad,..
Soundtrack de escapatoria, es mi siguiente escala
Tengo que pensar seriamente que colocaré en él porque tendrá que acompañarnos a través de nubes de algodón frío, de navajas de chocolate, de caramelos de menta y alguna que otra rebanada de sandía dulce…